Por encima del Trópico de Cáncer, frente a las costas accidentales del Africa, en una línea invisible, privilegiada, que rodea el globo terrestre y sobre la que se sitúan algunos de los últimos paraísos del mundo se encuentra Tenerife, la mayor de las islas del Archipiéago Canario.
Apenas algo más de dos mil kilómetros cuadrados de abrupta geografía triangular, formada a raíz de una serie de erupciones volcánicas submarinas.
Tierra legendaria para los antiguos navegantes y para los autores clásicos, que situaron aquí el edén o el Jardín de las Hespérides, hoy continúa siendo una joya natural, anclada en el Atlántico, en la que, aún manteniendo su inolvidable personalidad y sus encantos de siempre, se pueden hallar todos los lujos y comodidades para el relax el descanso, el placer y la diversión.

 
Costa Norte de Tenerife
 
El Puerto de la Cruz se encuentra situado en el litoral de la comarca natural del Valle de La Orotava, que es una gran depresión de aproximadamente 150 kilómetros cuadrados que desciende en forma de rampa inclinada desde la Cordillera Dorsal hasta el Atlántico. La costa portuense, como ocurre en todo el Norte de Tenerife, es acantilada, sobre todo en los sectores de Punta Brava y Martiánez. El encuadre geográfico condiciona la benignidad climática de la ciudad. Su clima extremadamente moderado y templado a lo largo de todo el año, sin grandes oscilaciones entre las máximas y las mínimas.
 
Teide
 
Este fenómeno es fruto de la confluencia de una serie de factores naturales, derivados de su proximidad del Trópico de Cáncer. Las estadísticas científicas señalan que Puerto de la Cruz tiene al año más de 1.900 horas de sol al año. Su clima se caracteriza por mantener unas temperaturas relativamente elevadas y sin grandes variaciones a lo largo de todo el año, que oscilan entre los 22 grados de máxima y los 15 de mínima, con 18 de promedio anual. La humedad relativa es del 75 por ciento. La precipitación media anual roza los 460 mm., repartida en 75 días de lluvia de media por año.